Miles de capitalinos perjudicados por tomas de calles

– Personas de la tercera edad obligadas a caminar largas distancias.

– “Es una ingratitud”, lamenta la señora de 80 años que tuvo que volver a pie a su casa.

– Otro octogenario caminó varios kilómetros solo apoyado en su bastón.

– Muchos trabajadores no pudieron cumplir sus jornadas laborales.

– Amplio rechazo a la obstaculización de vías públicas por parte de transportistas.

 

Tegucigalpa, 23 de julio. A paso lento y del brazo de su sobrino Mauricio Sánchez, doña Santos Gómez regresaba del Instituto Hondureño de Seguridad Social de recibir tratamiento médico para una rodilla, pero se encontró con que debía caminar un buen trecho para volver a su casa por la toma de calles a la altura de la colonia Centroamérica Oeste por parte de transportistas.

Doña Santos, de 80 años, salió con Mauricio muy temprano en la mañana, cuando las avenidas y principales accesos de Tegucigalpa no habían sido obstaculizados por taxis y buses.

“Es una grosería tener que caminar y me duele la rodilla”, dijo doña Santos, quien se vio obligada a aferrarse al brazo de su sobrino para poder volver a casa.

“Es necesario que se pongan de acuerdo, porque esto es un problema, por ejemplo, para las personas de la tercera edad”, manifestó Sánchez, quien tuvo que dejar su automóvil tres kilómetros antes de su casa para poder trasladar a pie a su tía.

Una pronta solución

Más atrás venía don Margarito Rodríguez, de 80 años, quien tuvo que subir hasta en tres automóviles para regresar del centro de Tegucigalpa hasta la Centroamérica Oeste luego de salir en busca de medicinas.

“A los del transporte les digo que las cosas las hagan bien”, manifestó Rodríguez, quien bastón en mano ya llevaba dos kilómetros caminando por el Bulevar de las Fuerzas Armadas y debía caminar otros dos más hasta llegar a Lomas del Norte, en la salida al norte de Honduras.

“Es necesario encontrar la solución ya”, dijo con un gesto de visible molestia, en especial porque una de sus piernas le imposibilitaba caminar con la comodidad necesaria para llegar a su casa.

En el otro lado de la acera, María Osorto, de 50 años, caminaba a prisa, desde la colonia Miraflores hasta la Centroamérica Oeste.

“Esto nos afecta a todos y nos obliga a caminar grandes distancias”, dijo Osorto, quien regresaba de cumplir con una obligación familiar y necesitaba volver a casa para atender a dos de sus hijos menores.

Desesperación y paciencia

En la extensa fila de carros a lo largo del Bulevar de las Fuerzas Armadas don Semil Sibrián, que acompañaba a un familiar hasta La Lima, lamentaba el hecho de que ya estaba varado por la toma de los transportistas.

“El problema mayor va a ser que ellos en un momento se van a ir a descansar y quizá muy tarde, mientras nosotros vamos a intentar llegar a casa luego de varias horas de espera” y “todos estamos siendo perjudicados”, manifestó Sibrián.

El mismo criterio tenía José Amador, quien esperaba el avance de los vehículos y relató que “necesito llegar a Comayagua con toda la familia, y como ven, esto no avanza. Es necesario buscar soluciones y no tomarse las carreteras”.

El paro del transporte ha dejado innumerables pérdidas y ha ocasionado muchos problemas a la población para llegar a sus centros de trabajo, cumplir con citas médicas o simplemente realizar trámites necesarios para el diario vivir.

Un ejemplo es el de Kerlyn Solórzano, quien debía cumplir con un trámite en los juzgados capitalinos, “y ahora tengo que caminar hasta el Consultorio Jurídico y luego a los juzgados. Deberían dejar libres las calles porque hay cosas que no se pueden hacer otros días”.

Erick Varela, un motociclista de la colonia Miramesí, sufría porque como parte de su trabajo debía visitar tres colonias de Tegucigalpa en el día, y las horas eran de espera y de angustia.

“Para terminar mi trabajo necesito visitar esas tres colonias y solo he podido ir a una”, dijo mientras relataba que para trasladarse de La Era a la Centroamérica Oeste había necesitado más de una hora y cerca del mediodía no tenía posibilidad de cumplir con su segunda obligación laboral.

“Es necesario que permitan el paso de los carros y las motocicletas”, dijo Varela.

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