Luego de días de sufrimiento enterraron al pequeño Antonio Jesús

Familiares desistieron de esperar a que se recuperara al notar que estaba hinchado y olía mal. Sin embargo, una “flor sangrante” y una toalla les hacen creer en un nuevo “milagro”.

Tras varios días de resistirse a la realidad la familia del pequeño Antonio Jesús Martínez, por fin la madrugada del jueves decidió dar­le cristiana sepultura luego que el cuerpo del menor empezara a des­componerse.

El drama en el barrio El Salitre comenzó hace una semana cuan­do un médico declaró muerto al pequeño Antonio. Sin embargo, cuando lo iban a enterrar el 16 de febrero, dio señales de vida, según sus familiares. Desde entonces lo estuvieron velando y aseguran que en varias ocasiones se movió, por lo que esperaban que se recupera­ra, pero ayer esa esperanza se es­fumó.

A la 1:00 de la mañana el cuer­po empezó a expulsar espuma por la boca, mostraba hinchazón y ex­pedía mal olor por lo que la familia determinó enterrarlo. Hubo llan­to y desconsuelo. A las 4:00 de la mañana la familia Martínez partió rumbo al cementerio municipal de El Negrito, Yoro, con el cuerpo de su pequeño, dando un paso al que se habían resistido, pese a las indi­caciones de los médicos que con­firmaron su muerte.

No más de 50 personas acompa­ñaron la marcha en medio de un si­lencio devastador que solo se veía interrumpido por el ruido de las mototaxis que justo a esa hora co­mienzan sus labores.

A las 4:25 de la madrugada, doña María Vásquez, madre del peque­ño, rompía en llanto cuando el fé­retro de su pequeño era deposita­do en su sepultura, mientras Anto­nio Martínez, padre del menor, se abrazaba a un árbol para no des­plomarse.

De vuelta a casa el silencio era mayor, familiares y amigos entra­ron en la humilde casa del barrio El Salitre y se dedicaron a recordar al difunto mientras tomaban café y alimentos.R

La familia parecía resignada, sin embargo, a las 9:30 de la mañana se dio un acontecimiento que cambió el rumbo de la historia. Un mucha­cho tomaba en sus manos una rosa que según su apreciación y la de los pobladores tenía sangre, lo que in­terpretaron como una señal divina.

“¡Milagro, milagro!”, exclamaba una señora que decía que se trataba de la sangre de Cristo y que el niño estaba vivo.

Más tarde, Iris Meléndez, una amiga de los familiares mostraba su asombro al descubrir en una lápida cercana a la tumba del menor una toalla que según su propia explica­ción ella misma depositó en el ataúd del difunto. Luego de esas dos seña­les que los pobladores del munici­pio consideran “divinas”, el cemen­terio Municipal de El Negrito, Yoro, fue abarrotado por varios centena­res de personas.

A FAVOR Y EN CONTRA

Tras la aparición de estas señales, la familia de Antonio Martínez revi­ve la posibilidad de exhumar los res­tos del pequeño, algo que ha genera­do división en algunos sectores de El Negrito, Yoro.

“Que lo dejen descansar, si la vo­luntad de Dios fue llevárselo tene­mos que respetarlo y aceptarlo”, di­jo una persona de la religión católica que no quiso ser identificada.

Sin embargo, gran parte de los pobladores han mostrado su apo­yo a los familiares para que solici­ten a las autoridades correspon­dientes la exhumación de los res­tos del menor.


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