Incidentes de acoso y crímenes de odio en el mandato de Donald Trump

Como cualquier otro sábado, la hondureña Ninoska Gavarrete llegó con sus dos hijos, de 3 y 5 años, al Little River Casino Resort, en Michigan. El plan era que los niños se bañaran en la piscina y luego en el jacuzzi, para burlar por un rato el frío del invierno. Pero cuando los niños corrían al jacuzzi, una mujer bloqueó las escaleras, se aferró al pasamanos y les dijo que no podían bañarse.

 

– ¿Por qué no pueden?

– Porque les va a dar un paro cardíaco –respondió la mujer.

–Ellos pueden bañarse 10 minutos, es lo que establecen las normas –le dijo Gavarrete, quien dijo que lo sabía porque leyó detalladamente las reglas antes de ingresar al área.

–No pueden entrar –insistió.

–Dígame por qué.

Y entonces, la madre recibió una respuesta final inesperada:

– ¡Devuélvanse a su país!

 

Gavarrete solo encuentra dos explicaciones para este incidente. La primera, que sus hijos hablaban en español con otra pequeña con la que jugaban y fueron escuchados por la estadounidense. La segunda es que por su larga cabellera negra y su nariz pronunciada, con frecuencia la confunden con una mujer paquistaní. «Pienso que esta fue una de las razones por la que esta mujer nos miró raro desde que entró a la piscina», cuenta.

Pero la madre no se rindió. Tras la insistente negativa, cargó a sus dos hijos y entró sin freno al jacuzzi. Entonces, la mujer se le acercó hasta el oído, le susurró «vuelve a tu país» y le preguntó por quién había votado en las presidenciales del 8 de noviembre. «Le dije que no le iba a decir y me dijo que era republicana», asegura Gavarrete.

«Nunca me vi tan diferente como me he visto desde que ganó (la presidencia) este señor (Donald Trump)», lamenta esta hondureña de 27 años. «Ahora le hablo en inglés a mis hijos y los mando a callar cuando hablan en español. Siento que alguien nos va a escuchar y nos va a marcar».

Después de las últimas palabras que intercambió con la mujer en el jacuzzi, tomó a sus hijos, buscó a su esposo –que jugaba en el casino– y denunciaron lo ocurrido en el hotel. «Lo hicimos porque algo similar podría pasarle a cualquiera», dice Gavarrete.

Janelle Kelly, oficial de seguridad del Little River Casino Resort, aseguró al teléfono no estar al tanto de lo ocurrido e informó que aunque lo conociera, no puede negar ni confirmar la información: «No tengo permitido hablar con nadie sobre un incidente relacionado con otra persona que no sea la involucrada». Según la madre, al hacer la denuncia el mismo día de los hechos, el resort se disculpó y respondió que «no les interesa tener incidentes de ese tipo».

¿Qué hacer en este caso?

La abogada Lida Rodríguez-Taseff, expresidenta de la organización de defensa de los derechos civiles ACLU, explica tres acciones que pueden ser tomadas en un caso como éste:

-Si una persona se siente en peligro de ser agredido físicamente, ya sea por acoso, por ser tocada físicamente o porque alguien se le acerca demasiado, puede haber causa criminal para una acusación.

-Puede revisar las ordenanzas de derechos civiles de su ciudad, pues en algunas localidades existen para proteger a sus residentes. Además, algunos estados (con excepción de Alabama, Georgia, Mississippi, Carolina del Norte y Texas) cuentan con ‘public accomodation laws’, que prohíben la discriminación basada en raza, género, origen y religión.

-Puede sentar una queja en el sitio de alojamiento. Todos tienen la responsabilidad de proteger a sus huéspedes de las acciones de otros huéspedes.

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